Política en Cuba

Un pedazo del alma

Celia Cruz en televisión cubana.

Por: Jorge Fernández Era
Hubiera podido ser una de las noticias culturales del año: después de más de cinco décadas de ostracismo regresa a la televisión cubana Celia Cruz, La Guarachera de Cuba, una artista que a pesar de hacer la mayor parte de su carrera fuera de su tierra natal, puso muy en alto la música de la Isla en los más encumbrados escenarios internacionales. Pero era demasiado pedir: la fugaz presentación en la emisión de La Pupila Asombrada —con título “¿Cuánto y cómo cambió Cuba en 1959?”— constituyó una burda manipulación.
Con tantas cosas que se pueden decir sobre la también conocida como Reina Universal de la Salsa, nominada en trece ocasiones al Premio Grammy y en seis a los Grammy Latinos, el comentarista solo atina a resaltar lo extenso de su nombre y, como para que no quede por él, culmina afirmando que Celia es “una figura importantísima de la música cubana”. En el programa, cuyo hilo conductor fue la “Canción de la Columna Juvenil del Centenario” de Silvio y Pablo, quedó clara la intención de los realizadores —apuntalada por la evocación del origen humilde de la cantante— de realzar, a través de la reproducción de “Guajiro, llegó tu día” (una oda a la Ley de Reforma Agraria que menciona a Fidel), la “traición” (no se menciona la palabra, pero estuvo ahí) de la cantante al decidir echar su suerte fuera de Cuba, ajena al proceso revolucionario al que cantó en ese tema.
En La Pupila Asombrada ni siquiera fueron originales: no hicieron más que reproducir lo que expone sobre la sonera cubana el sitio Ecured: “Se mantuvo sistemáticamente activa en las campañas contra la Revolución Cubana generadas desde Estados Unidos, por lo que fue utilizada como icono por el enclave contrarrevolucionario de Miami”.
No hay que asombrarse de que en La Pupila nada se diga de la absurda prohibición que hace de Celia Cruz una desconocida para varias generaciones de cubanos, esas que nacieron en los últimos sesenta años, ni que su activismo en contra del proceso iniciado en 1959 estuvo cimentado por la propia Revolución Cubana al negársele el derecho a regresar para asistir a los funerales de su madre.
La primera vez que oí hablar de ella fue por boca de mi abuelo, cuando me hizo el cuento de la renuencia de los moradores del Solar de las Margaritas, en la barriada de Santos Suárez, de abandonar sus maltrechas habitaciones para ir hacia nuevas moradas construidas por el gobierno revolucionario. La existencia de esa cuartería de la calle Flores entre Zapotes y San Bernardino, la misma donde nació Celia, no tuviera para mí mayor relevancia que esa si no fuera por el hecho de estar situada frente por frente a mi edificio, y que por la loma rocosa, la larga escalera y los enrevesados pasillos de ese solar corrió el niño que fui y aún camina el casi viejo que soy.
Mi bautismo sonoro con La Guarachera de Cuba se lo debo a mi ya fallecido amigo y periodista Pepe Siberio. En su casa disfruté en numerosas ocasiones de un VHS con la antológica interpretación de “Burundanga” que hicieran ella y Lola Flores en un cumpleaños de esta última.
Celia Cruz
Celia Cruz es la cara más notoria de una decisión de corte estalinista que ha hecho invisible a artistas cubanos y extranjeros, algunos en ciertos periodos y otros con cuño de por vida. Mi generación tuvo que oír a escondidas, en casetes que nos pasábamos de mano en mano, a muchos que hicieron mención crítica a lo que sucedía en la Isla o le “cantaban a nuestros enemigos”. Curiosamente, con dicha inserción en lista negra no se hacía sino darles la razón. ¿Habrá libertad posible con una (in)cultura que le niega a los cubanos conocer del aporte a nuestra identidad de figuras como Meme Solís, Arturo Sandoval, Paquito D’Rivera y la propia Celia y que hoy amenaza con segregar a todo aquel que no eche “sus luces sobre mí”, (in)cultura que fabrica como morcillas canciones laudatorias y complacientes que “bloquean” la sensibilidad y el buen gusto? ¿Habrá que tragar en seco cuando oigamos en el futuro aseverar que Celia Cruz nunca estuvo prohibida en Cuba?
Mientras consignas y metas sigan pidiendo su paredón, no se podrá virar esta tierra de una vez. La cultura será alma y escudo de la nación cuando seamos invulnerables a nuestros propios crímenes, cuando un pedazo del alma de esa cultura no nos sea arrancado sin piedad.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

A %d blogueros les gusta esto:
Ir a la barra de herramientas