Política

Joe Biden, o el acercamiento

Pero al salir Bernie, tenemos que conformarnos con una opción menos óptima: Joe Biden.

Por: José Gabriel Barrenechea
Blas Roca, allá por los cuarenta del siglo pasado, declaró que en Cuba no habría socialismo mientras antes no lo hubiera en EEUU. Claro, Roca hablaba de esa actualización 2.0 de la formación asiática marxista que el marxismo-leninismo identifica erróneamente con el Socialismo, no de este propiamente dicho.
En esta posición se explica la decisión del Partido Socialista Popular (comunista) de subordinarse al Partido Norteamericano, y a la vez se expresa una verdad como un templo: por razones geopolíticas, e históricas, Cuba se halla en tal grado de relación con los EEUU que su política, interna y externa, siempre tendrá un alto grado de dependencia de lo que en nuestro vecino opinen sobre el asunto en cuestión. Porque ese grado de dependencia terminará por manifestarse, incluso, cuando el país intente romperla, ya que eso solo se conseguiría al buscar alianzas con los intereses globales en contraste con la Nación Americana, y al adoptar cualquier discurso en las antípodas del sostenido como principal en nuestro vecino del norte.
Precisamente lo ocurrido a partir de 1960.
Es por esa dependencia inexorable que a los cubanos nos importa tanto el proceso eleccionario en los EEUU. En especial, para quienes estamos convencidos de la necesidad de establecer en Cuba el socialismo democrático, nos es evidente que algo así no será posible en Cuba mientras antes no lo haya a su vez a 90 millas. Por eso apoyamos en su momento la campaña de Bernie Sanders, porque creímos, y seguimos creyendo, que era la mejor opción para superar en Cuba tanto a la podrida forma estatista premoderna hoy dominante, como al capitalismo Salvaje, para establecer formas políticas, sociales y económicas a la vez anti-autoritarias y anti-oligárquicas, y para conseguir que la dependencia pudiera, por fin, convertirse en un factor positivo en el cada vez más necesario de unificación global en una única democracia mundial, para comenzar a dar el primer paso Cuba y los EEUU (y a muchas naciones) en el acercamiento planetario a una república mundial fundada sobre la Declaración de Derechos Humanos.
Pero al salir Bernie, tenemos que conformarnos con una opción menos óptima: Joe Biden.
¿Por qué creo que los cubanos de la izquierda democrática deben sumarse a los de centro en el apoyo a este político de viejo cuño, perdedor de la nominación varias veces desde 1988, hombre muy cercano a las Corporaciones, que ha apoyado causas como la de entregarle poderes de más al presidente en su lucha contra el Terror…?
En primer lugar, porque está por reanudar el acercamiento de Obama.
Es evidente que por la vía Trump solo hay dos soluciones posibles: se mantiene el estatismo cuartelario, de raíz blanquista más que marxista, gracias a que el mismo está diseñado precisamente para medrar en el aislamiento y la confrontación con Washington, al reciclar los ataques en dosis de chovinismo inyectados en los sobre excitados imaginarios nacionalistas de las masas cubanas; o se posa un cisne negro en la Plaza y en medio del caos otros imponen sus agendas de derecha, centradas en la primacía del mercado que solo puede significar, ante el cubano medio sin habilidades o capitales para enfrentar ese cambio, en la continuación del desempoderamiento del mismo.
Solo el acercamiento asegura que el dominó nacional pueda fluir, y no en beneficio de unos pocos. Por tanto, es vital apoyar a Biden, quien sin duda lo necesita, ante quienes querrán hacer aparecer ante el electorado americano que la totalidad de quienes o nos enfrentamos, o no coinciden plenamente con el gobierno de La Habana, estamos en contra de retomar el camino de Obama.
En segundo lugar deben apoyarlo porque, si el Partido Demócrata desea ganar las elecciones, tendrá que asumir parte del programa radical de Bernie, o incluso escoger un vicepresidente cercano a las posiciones del senador por Vermont, que cuenta con el apoyo de al menos la tercera parte del electorado democrático. O sea, quiéralo o no, Biden deberá hacer avanzar la agenda progresista. Esa que el cambio generacional y étnico impulsa inexorablemente en el vecino, pared con pared, y que de manera semejante también acerca más y más a Cuba y EEUU desde las bases, y no desde las élites políticas, económicas o financieras.

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