Economía en Cuba

Reinserción para los chinchales

Por: Miguel Alejandro Hayes

Van a aprobar las empresas chiquitas, qué alegría. Sí, a mi también me suena risible, y lo es. Pero ¿no es una pyme una empresa chiquita? Claro, un nombre más refinado, más sexy y glamoroso, presto para el postureo tercermundista de lento avance dentro del mismo tercer mundo (porque hablamos de algo con más de 40 años), aunque no deja de ser eso: empresas chiquitas y chiquiticas. Hay quien dice mediana, para no sonar platinado, y no lo juzgo.

Las pymes son cultura desde los setenta más o menos. Aparecieron (de moda) porque la complejidad de las cadenas de valor no necesitaba grandes tamaños en todo su dominio, ni se necesitaba controlarla completa para garantizar a los grandes inversores buena ganancia. Yo hago sillas, no tengo que venderlas también, ¿para qué? (mal ejemplo, pero válido).

Puede que, inicialmente, se concentraran en el sector comercial, pero el ascenso de las tecnologías y de la especialización hace que hoy pueda haber pymes de casi todo. Y digo casi, porque las grandes producciones tradicionales no suelen (no deben, dado sus capacidades) caer en manos de pymes. Una pyme (un laboratorio) puede descubrir una vacuna, y puede ser otra empresa, grande, especializada, quien haga los millones de frascos (este es un mejor ejemplo).

Aunque exista una explicación mucho más larga, el caso es que en el mundo un poco más normal, las empresas chiquiticas no han tenido un no ser; solo un auge y expansión, un proceso de acoplamiento, complementariedad y lenta transferencia de poder (con adelantos y retrocesos) con el gran capital, dado un desarrollo tecnológico determinado.

¿Qué de todo eso hemos pensado para la celebración cubana pro pyme? Digo, además de la alegría del que va a tener su empresa chiquita y quiere que todos pensemos que su prosperidad será la de todos. Antes de la trova de que sí, de sí sí, ¿alguien se ha puesto a pensar la pyme monopolio? Esto es Cuba: si tenemos mutantes políticos, ¿no los va a haber también económicos? Imagine una empresa privada chiquita que, por razón extraeconómica, es el proveedor de entregas a domicilios en La Habana, a partir de compras de pudines realizados desde el exterior. Pues esa pyme, como único proveedor, eso: especula, sube precios (sobre todo en pandemia y escasez). Si aparecen dos empresas chiquitas que hagan lo mismo, nada, se ponen de acuerdo, arman un duopolio, un cartel y felices (sus dueños).

Casualmente, la territorialidad y la ubicación convierte a empresas en monopolios. Aunque el pan cueste tres veces más barato en Marianao que en el Vedado, no quiere decir que la gente del Vedado vaya a Marianao por el mismo pan (este también es un buen ejemplo, aunque los precios no se comporten así. No se embulle nadie rumbo a Marianao).

Volviendo a la ridiculez… ¿en qué estaban pensando cuando extinguieron las empresas chiquitas? Qué clase de delirio hay que tener para querer que todas las empresas tengan que ser grandes, grandísimas. Monopolios a borbotones ¿otra reafirmación? Freud tendría algo que decir al respecto, estoy seguro.

Como acompañamiento monopolístico, se decapitaron todos los chinchales, agropecuarios y no agropecuarios. Como efecto secundario, el proletariado comenzó a extrañar a los zapateros, carpinteros, albañiles y plomeros. Era algo así como la historia de divisiones sociales del trabajo, la de Engels que lo cogió de Hegel, pero al revés. Alabao.

Así, en poco tiempo, se logró la meta de que la agricultura fuera más improductiva que nunca, en una feroz batalla contra el boniato, el arroz, los frijoles y el maíz.

Compréndase que se trataba de un paso estratégico para ese bien mayor que era la creación del proletariado correspondiente a la (su) dictadura. Porque para que haya dictadura del proletariado y se cumplan los acuerdos congresados, tiene que haber proletariado, Lenin más, Lenin menos. Pero no se aclaró quién era el que dictaba, y el proletariado terminó siendo al que le dictaban. Y ya han pasado más de cincuenta años.

Está bien, puedo ser más partícipe del espíritu colectivo. Viva. Sin signo de exclamación.

!Ay no! Ni siquiera oro por baratija, esto ya es regalar el oro. Que te lo enseñen, y ponerte contento por ver lo que era tuyo. Ahorita celebramos el derecho de poder caminar por el Malecón.

Por si acaso, para que no quede por mí: esto no es España ni Bélgica. Las pymes son solo otro ingrediente, no confundir con la receta (que conozco el paño).

Se me quedaron las pymes estatales, pero eso sería una discusión con la consigna nueva aprendida: cooperativa. Y ese debate viene con prólogo ideopolítico y declaración de principios.

Lo dejo por aquí: al fin tendremos de vuelta (legalmente) a las empresas chiquitas. Más gente para dictar al proletariado, fijo. Repatriación, ciudadanía y reinserción para los chinchales injustamente juzgados por el poder revolucionario, pero rectificado a tiempo. ¡Qué sabios los sabios!

También puede interesar

Pymes en Cuba.

Pymes en Cuba. Pymes en Cuba. Pymes en Cuba.

Autor

Puede comentar acá

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

A %d blogueros les gusta esto:
Ir a la barra de herramientas