Teoría

El oportunismo del pensamiento crítico: sobre Sopa de Wuhan

Más allá de criticar la intencionalidad o no del título o que haya una agenda racista oculta, lo más preocupante es el oportunismo que decide que es necesario opinar ya y que ha surgido a raíz de la pandemia del coronavirus.

Por: Christina Soto Van Der Plas

La filosofía requiere tiempo. No es un arma de vanguardia y de golpeo de primera línea, sino un decir que nos obliga a reflexionar sobre las verdades, sobre quiénes somos y estamos siendo en los acontecimientos actuales y pasados. Cuando nos apuramos a sacar una conclusión para opinar sobre una situación, que es lo más cómodo y no nos obliga a pensar o escuchar sin juzgar, frecuentemente nos precipitamos y reducimos lo ajeno a categorías que podemos comprender. Metemos lo que no sabemos qué forma tiene en las cajitas que ya guardábamos en el sótano de nuestra mente para acallar la incertidumbre. Precipitamos el entendimiento antes de observar la situación, antes de medir sus ángulos y darle tiempo para que se desarrolle y se modifique: nos obliga la velocidad de los tiempos en que vivimos, en los que parece que no podemos estar ni un instante desconectados o sin producir algo.

La compilación Sopa de Wuhan: pensamiento contemporáneo en tiempos de pandemias es un síntoma del oportunismo y reduccionismo que vivimos en estos difíciles momentos. Con síntoma me refiero simplemente a que la compilación es una “formación de compromiso”, es decir, para admitir un contenido reprimido en el discurso consciente, se transforma en algo más aceptable para pasar la barrera de la defensa. El valor del pensamiento contemporáneo es el aceptable disfraz, velozmente confeccionado, bajo el que se pretende esconder el título que hace referencia al falso origen de la pandemia en Wuhan, en una sopa de murciélago.

Editada por Pablo Amadeo, la compilación presenta intervenciones de pensadores y filósofos contemporáneos de primera línea reflexionando sobre la actual pandemia del Covid-19 y algunas de sus consecuencias políticas, sociales y epistemológicas. El libro circula libremente en línea bajo el sello editorial ASPO (Aislamiento Social Preventivo y Obligatorio) que, según se dice es “una iniciativa editorial que se propone perdurar mientras se viva en cuarentena, como un punto de fuga creativo ante la infodemia, la paranoia y la distancia lasciva autoimpuesta como política de resguardo ante un peligro invisible”. Pero por ahora, Sopa de Wuhan se ha visto implicada en una controversia que solo ha contribuido a multiplicar la infodemia y paranoia porque presenta un discurso inaceptable (revelado en la portada) para el pensamiento crítico consciente, escudado en el nombre de filósofos y pensadores respetables de todas las latitudes, para convertirlo en algo más admisible y saltar nuestras barreras de defensa.

La compilación ha circulado ampliamente en las redes sociales con una portada y título que ha molestado a muchos lectores que le reclaman al autor y a su editorial improvisada ser consecuentes con el contenido crítico y reflexivo ofrecido. En un comunicado firmado por la Red de Diáspora China en España y otros colectivos asiáticos y de asiáticodescendientes antirracistas de España se le insta al editor a “retirar el actual título y diseño y a cambiarlo para que no se perpetúen más los discursos racistas”. La portada del libro electrónico que comenzó a circular hace un par de semanas lleva como fondo un collage de grabados de murciélagos dibujados por Ernst Haeckel (exponente de una teoría evolutiva racista del siglo XIX de la que se sirvieron las ideologías fascistas en Italia, Francia y Alemania) y sobre ese collage, con mayúsculas en amarillo y fondo gris oscuro, se muestra el título: Sopa de Wuhan y el subtítulo Pensamiento contemporáneo en tiempos de pandemias. En la parte inferior derecha hay una lista con los nombres de los pensadores cuyas contribuciones se incluyen en el libro. La conjunción de estos elementos es ciertamente problemática y como dicen los críticos, la portada “difumina la peligrosidad de reproducir un discurso reduccionista y esencialista, en este caso, a través de una ilustración que refiere a un falso origen masivamente señalado por los medios de comunicación y reproducido en las redes acríticamente”. A su vez, el juego de palabras que podría ser visto como algo inocente, creativo y que podría referirse a la reunión de miradas sobre el tema en una “sopa”, también alude a un cierto imaginario que “cosifica el motivo y la culpa a la sopa” y por lo tanto complementa a la imagen, los murciélagos, que van acompañados peligrosamente por una geolocalización: Wuhan.[1]

En las redes sociales, el editor Amadeo ha defendido su compilación señalando que su portada no contiene ningún término racializado y que la idea de “sopa” no solo hace referencia “a la tristemente célebre teoría del surgimiento del Covid-19, sino que es una figura retórica que intenta referirse al ‘rejunte’ de miradas en relación a un tema. De igual manera la cara de los murciélagos”. Pero más adelante comenta, defendiéndose, que tanto los textos como las imágenes “ya están circulando” y que su labor es posibilitar para el público el acceso inmediato al libro. Lo cierto es que en la portada el conjunto de la palabra sopa, Wuhan y la imagen de los murciélagos es desafortunado y señala una responsabilidad geográfica, aunque no haya la intención de hacerlo (y la culpa siempre es del “otro”, del sucio y menos civilizado según el estándar occidental, vemos cómo esto se repite a lo largo de la historia).

No solo quiero discutir aquí la máscara o la portada que desafortunadamente eligió el editor para la compilación, sino también el contenido de las intervenciones de los diversos pensadores reunidos en la antología. Me decepciona el contenido del libro tanto como su portada. Y es que se trata de pensadores que en su trabajo han elaborado cuidadosa y pacientemente conceptos y teorías muy potentes para pensar nuestra era. Pero en estas breves intervenciones apuradas me parece que los filósofos han cedido ante la “urgencia” y la falta de reflexión del periodismo y con la situación de la pandemia han escrito textos que muchas veces parecen ser más un reproche implícito que una verdadera reflexión. El filósofo italiano Giorgio Agamben, por ejemplo, no deja de ver sus sospechas confirmadas al pensar la situación a través del lente del “estado de excepción” y de un gobierno que limita las libertades en nombre de la seguridad. A su vez, la reflexión de Slavoj Žižek, aunque tiene dos o tres puntos lúcidos en su diagnóstico, acaba por sugerir que la crisis nos obligará a pensar en una sociedad alternativa, más allá del Estado nación y que hay que “reinventar el comunismo basado en la confianza en las personas y en la ciencia”. Es decir, cada filósofo lleva agua a su propio molino y usa la crisis actual para confirmar los desastres que ya predecían sus teorías o para promover el tipo de gobierno que prefiere.

Otras intervenciones son más medidas y acaso más apropiadas para el momento porque no necesariamente interpretan las medidas que toman los gobiernos, sino más bien intentan pensar la temporalidad del pensamiento mismo y se preguntan: ¿en qué tiempo del pensamiento vivimos? En vez de entrar al ring y pelearse a golpes al nivel que lo hace Byung-Chul Han, pensadores como Alain Badiou, María Galindo y Patricia Manrique se detienen un momento ante el hecho y las respuestas y se preguntan por la posibilidad de la filosofía en momentos de emergencia. Badiou dice que “parece que la prueba epidémica disuelve en todas partes la actividad intrínseca de la Razón, y que obliga a los sujetos a regresar a los tristes efectos (misticismo, fabulación, rezos, profecías y maldiciones) que en la Edad Media eran habituales cuando la peste barría los territorios”.[2]La compilación está marcada por la prisa que disuelve la razón en todo sentido y quiero rescatar algo que dice Patricia Manrique en el texto que incluye la misma antología: “Pensar filosóficamente un evento como el que estamos viviendo, requiere, en primer lugar, tiempo… Lo que se hace, con las prisas, a menudo, es reducir la otredad a la mismidad: confinarla en los parámetros habituales de lo propio, en la órbita del yo, de lo conocido”.[3]

Me parece que en la urgencia y la velocidad está el grave error de esta compilación (incluyendo innumerables erratas y malas traducciones de los artículos). Más allá de criticar la intencionalidad o no del título o que haya una agenda racista oculta, lo más preocupante es el oportunismo que decide que es necesario opinar ya y que ha surgido a raíz de la pandemia del Covid-19 en todas las esferas de la política, la economía y ahora la cultura y el pensamiento que se pretende filosófico. El pensamiento crítico y la filosofía, repito, requieren tiempo para operar en una esfera que no sea la de las meras opiniones periodísticas de las que ya todos estamos hartos.

Estos días de confinamiento se está debatiendo sobre los usos y abusos de la filosofía. Un poco al estilo de un libro new age de autoayuda, se busca recurrir a los filósofos como si fueran un maestro espiritual capaz de iluminar el camino que nos ayude a salir de la oscura caverna en la que de pronto nos dimos cuenta hemos estado siempre recluidos. A veces, se les recrimina a los filósofos que han salido a teorizar muy pronto sobre una tragedia que aún no nos es posible asir dada la excepcionalidad de la situación. Aunque creo que siempre es un buen momento para detenernos a reflexionar, las posiciones que han ofrecido algunos pensadores en estas últimas semanas, muchas de ellas contenidas en el libro Sopa de Wuhan, tienen más que ver con el deseo de ver plasmadas sus teorías en la realidad que con la complicada labor de intentar comprender-nos en el momento que vivimos. No se trata de volver a la filosofía de quienes viven aislados del mundo en sus torres de marfil, ni de armar un pensamiento nuevo y rápido desde el confinamiento lleno de estrés desde el que trabajamos. No es ni el fin ni el comienzo, sino un momento como otros que hay que reflexionar lejos del reduccionismo que sintomáticamente señala la culpa en lo incomprensible, lo otro. Habría que articular un pensamiento crítico que fuera realmente crítico y no oportunista, presa de la moda del momento.

[1]Para ver el comunicado completo, ir a: https://sites.google.com/view/comunicadosopadewuhan/comunicado?authuser=0

[2]Alain Badiou, “Sobre la situación epidémica” en Sopa de Wuhan: pensamiento contemporáneo en tiempo de pandemias, Pablo Amadeo, ed. ASPO, p.70.

[3]Patricia Manrique, “Hospitalidad e inmunidad virtuosa” en Sopa de Wuhan: pensamiento contemporáneo en tiempo de pandemias, Pablo Amadeo, ed. ASPO, p.145-146.

Tomado de Tierra Adentro

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