Obra de Wassily Kandinsky
Teoría

Lo mejor del Otro

A mis amigos santeros por su coherencia, en especial a mi maestra y a mi amigo de universidad

Por: Leonardo Manuel Fernández Otaño

Al leer el texto Matanzas ganó por Brujería de la autoría de Julio Pernús, me vino a la mente mi clase de historia medieval en la universidad, pues más de una vez me tocó pedir perdón como intelectual católico a Dios porque por causa del fanatismo religioso se llevaron a la hoguera a miles de mujeres inocentes, por la presunción del delito contextual de brujería. Con esta introducción quiero hacer un llamamiento al análisis serio y multicausal de los fenómenos sociales en especial la religión. Cuando se emiten juicios de valor sobre sistemas religiosos o filosóficos se debe tener en cuenta los elementos teóricos y conceptuales que lo respalden, no frases peyorativas, que sugieren desconocimiento de las problemáticas en análisis.

En estos días donde la vida cotidiana se convierte en un caldo de manifestaciones religiosas (como lo ha sido a lo largo de la historia patria), donde en varios enfoques historiográficos serios se han demostrado como estas expresiones espirituales permanecieron silenciadas por los poderes hegemónicos desde el propio siglo XIX , baste citar los estudios de las investigadoras María del Carmen Barcia Zequeira y Lázara Menéndez Vázquez .Invito a todos los lectores de este texto a manejar en primer lugar los términos con que se caracteriza cada expresión, pues detrás de ella subyacen historias de opresión, dolor y entrega humana .

La palabra brujería constituye la forma peyorativa con que se denominó a las prácticas cubanas de matriz africano, este sustantivo despectivo, encierra en un mismo recipiente a prácticas como: el Vodú haitiano, la Regla Ararrá, las cofradías Abakuás, el Palo Monte y la Regla de Osha Ifá. Si bien no soy un especialista en la materia, mis estudios de pregrado y postgrado me permiten diferenciar en estos sistemas religiosos procesos y categorías simbólicas diversas, pero al igual que cualquier expresión religiosa, reconozco elementos de búsqueda y promoción de la dignidad humana. Estos sistemas de creencias actuaron como expresión de los sujetos subalternos ante el sistema esclavista y racista imperante en la sociedad cubana del siglo XIX y en la mentalidad social de determinados grupos de poder durante el siglo XX y parte del XXI, merecen todo el respeto y el derecho a la participación social, que muchas veces desde una posición autorreferencial discriminamos.

Otro señalamiento es que en el texto no se aprecia la lectura de autores especializados que abordan la problemática como Fernando Ortiz y Lidia Cabrera, antes emitir juicios de valor sobre la significación de los animales rituales, elementos presentes en diversas prácticas religiosas alrededor del mundo. Además, hasta donde conozco los animales rituales, desde la rectitud de práctica (no hablo de expresiones de relativización) se consumen al final de las festividades o se depositan en lugares boscosos. En cuanto a la trasmutación de las prácticas, es un proceso que se encuentra presente en casi todas las formas religiosas, incluyendo el cristianismo en lo que va de siglo XXI, sugiero para un análisis más holístico de la problemática la lectura del sociólogo francés Jean Pierre Bastián.

En lo referido al béisbol que en los últimos días me ha tocado investigar con detenimiento, debo expresar que este deporte al igual que los universos religiosos africanos fueron una expresión de resiliencia durante el siglo XIX cubano, de modo especial entre 1869 y 1878, cuando el colonialismo español prohibió su práctica por su relación con el independentismo. El béisbol llegó a todos los estamentos de la sociedad, tanto las élites y como los sectores populares, pero fue el solar uno de los espacios donde más se popularizó, este espacio social fue cuna de la santería y la rumba, que no se nos olvide.

El último punto es mi parecer como católico, quiero llamar a los cristianos cubanos a leer en profundidad el texto del sínodo de la Amazonía, este documento constituye un punto de partida para un diálogo interreligioso sincero y para como Iglesia situarnos en defensa de la promoción de los derechos de las minorías y para ser artesanos en la construcción de la Casa Cuba, la cual colorearemos con el respeto a la diversidad y en franco diálogo con la alteridad, pero sin calificativos pre elaborados y fundamentados en la invitación a la cultura del encuentro

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