Teoría

Necesidades humanas, ¿individuales o comunes?

Por: Danilo Euser
En el ámbito de la Psicología y del estudio científico del comportamiento humano existen controversias sobre no pocos ni indiferentes temas. Para bien o no, los consensos científicos no suelen ser una práctica muy común en estos campos.
El estudio de las necesidades orgánicas en general, y las estrictamente humanas en particular (que esto puede tener muchos matices), es un ejemplo bien paradigmático de ello. Y como abordar temas escabrosos y controvertidos es de mis hobbies preferidos, pues, ahí vamos…
Pero… ¿Qué tienen de importante las necesidades humanas?…¿Por qué meterse en este berenjenal?

La necesidad es el punto de partida del comportamiento –Calviño

Desde mi punto de vista, el estudio profundo y riguroso de las necesidades es probablemente de las tareas de más alto impacto y con mayor relevancia, no solo para la práctica clínica de la psicología, la medicina y demás; también para las ciencias sociales y todo lo vinculado con la ingeniería social (estudio y diseño científico de las sociedades humanas, en busca de la maximización de la eficiencia y la sostenibilidad sistémica).
Entender realmente (o acercarnos lo máximo posible, al menos) cómo funcionan nuestros circuitos cerebrales de recompensa, de búsqueda y motivación, y de necesidad y expansión, es esencial para poder construir una sociedad verdaderamente humana y civilizada.

Necesidades humanas (elaboración propia)

►Son comunes para todos y finitas en esencia.
►Están marcadas a fuego por la evolución en nuestra biología.
►Objetivo fundamental: Sobrevivir
►Objetivo Secundario: Prosperar
►Consecuencias probables de su insatisfacción: Estrés, ansiedad, miedo, incapacidad, frustración, infelicidad…
►Consecuencias posibles de su satisfacción: Supervivencia, bienestar, plenitud físico-mental, alcanzar la máxima potencialidad personal…
►Diferenciación entre necesidades reales y deseos personales o proyecciones específicas que reflejan de forma inconsciente alguna necesidad primordial, pero que no son necesidades como tal.

Bases biológicas

Las diferencias entre los humanos y el resto de seres vivos suelen ser bastante evidentes y señaladas, situándose gran parte de estas alrededor de nuestro desarrollado cerebro. Al mismo tiempo, antes de llegar a estas diferenciaciones, que en gran parte nos definen, tenemos una mucha mayor cantidad de características que nos asemejan y nos unen con el resto de seres vivientes.
En este sentido, hagamos un análisis y convergencia de los conocimientos sobre biología y fisiología humana, aplicados al comportamiento. Sabemos que somos el resultado de un proceso evolutivo de millones de años, a través del cual hemos desarrollado ciertas capacidades y adaptaciones según cambios y presiones internas y externas. Estas adaptaciones hablan de una exposición a ciertas circunstancias durante un tiempo y/o contexto suficientemente considerable como para producirlas. Esto a su vez condujo a una dependencia a dicho ambiente. Y es aquí donde surgen y/o cambian las necesidades.
Somos Biología, por tanto, a pesar de nuestro significativo desarrollo de la mente y la conciencia, seguimos, en gran medida, subordinados a las leyes y mandatos de la Evolución. En particular a las dos máximas fundamentales: La supervivencia del individuo y la reproducción de la especie (genes trascendentes).
Estas están grabadas a fuego en nuestros genes y en nuestro inconsciente. Ellas son la causa de, al menos, una gran parte de lo que hoy consideramos necesidades humanas: su satisfacción nos provee de más garantías de supervivencia, mientras que no cubrirlas supone un peligro mucho mayor para el individuo y la especie.

Teoría piramidal de las Necesidades Humanas

Partiendo de la teoría piramidal de las necesidades de Abraham Maslow, una de las más estudiadas y evidenciadas, podríamos decir que existe una jerarquía, partiendo de las básicas o fisiológicas, las cuales tienen un carácter imperioso y poco tolerante a la insatisfacción (son de vital cumplimiento), en una primera instancia, pero en estas, al igual que en las nombradas como más elevadas o humanas, su insatisfacción también se puede expresar de una forma más crónica o latente, y es que las necesidades (todas ellas), no solo responden al qué, también lo hacen al cómo.
Es decir que no solo es importante satisfacer la necesidad de respirar, por ejemplo, con aire, sino que además es necesario hacerlo con un aire para el cual nos hayamos adaptado; así mismo sucede con la comida: no tenemos que comer, sino hacerlo de una forma coherente con nuestras adaptaciones biológicas. Y así sucede con todas…
No suplirlas inmediatamente cuando se expresen de forma aguda (tras varios minutos sin respirar, por ejemplo), implicaría un riesgo muy alto, pero también lo haría, aunque de una forma más tenue y sostenida (crónica), no hacerlo en la forma que nuestros genes esperan.
Si analizamos cada una de las necesidades descritas por Maslow, podríamos encontrarles a todas ellas un sentido biológico y adaptativo. Desde las más evidentes, llamadas necesidades fisiológicas, hasta las más antropológicas como la autorrealización y el desarrollo personal, donde podríamos tener una especie de mezcla entre aptitudes beneficiosas para el grupo, y por tanto promotoras de la vida, más primigenias, y también una consecuencia indiscutible de nuestro desarrollo social.
Cuando alguien presenta estrés o ansiedad por no encontrar trabajo, o no solucionar sus problemas económicos, realmente no está expresando una necesidad de obtener un trabajo, o tener más dinero, sino que está expresando sus necesidades primordiales: subsistencia, seguridad, participación social…
En este sentido resulta también interesante la propuesta de Manfred Max-Neef:
Las 9 necesidades humanas básicas son: subsistencia, protección, afecto, comprensión o entendimiento, participación, creación, recreo u ocio, identidad y libertad.

Las propuestas de Maslow y Max-Neef me parecen notables. Lo destacable es que hay una jerarquía donde unas necesidades son más básicas o importantes que otras, y que hay que satisfacerlas en orden de prioridad: primero el cuerpo, después la mente o personalidad, más tarde el yo-grupal (personalidad en un grupo social) y, por último, el aspecto trascendental o espiritual. –Alfonso Estébanez

Necesidades Reales vs Artificiales (o aprendidas)

A pesar de que todos los seres humanos tengamos, en esencia, las mismas necesidades reales, solo con requerimiento y estrategias de cumplimiento diferentes, nuestros cerebros no son capaces de distinguir estas de las “falsas” necesidades aprendidas. Para nuestro inconsciente son igual de importantes y precisas para la supervivencia (aunque objetivamente no lo sean). Por eso la expresión de necesidades artificiales: son creadas en base a las creencias conscientes e inconscientes del sujeto, pero a pesar de ello, tienen una relevancia para su equilibrio físico-mental muy similar a las reales.
Tomar consciencia de esto y hacer una correcta diferenciación entre las verdaderas necesidades, los requerimientos particulares y las falsas necesidades asumidas como reales, es un paso súper importante para reequilibrar expectativas, anhelos y concepciones individuales y sociales.

Pero entonces, ¿somos todos iguales?
¡Por supuesto que no! Somos un 0,1% distintos genéticamente… Solo somos un 99.9% iguales… 😉

Extracto del libro La revolución educada. De la Antieconomía a la Economía Basada en Recursos de Alfonso Estébanez :

Igualdad biológica
Los seres vivos somos semejantes porque compartimos el propósito de sobrevivir, tener bienestar y, en el caso de los humanos, porque somos la misma especie (nuestro ADN es igual en un 99%), sentimos las mismas necesidades y el mismo alivio cuando se satisfacen. A esta similitud la llamo igualdad biológica.
Todos (los seres sintientes) experimentamos sensaciones de manera parecida como el dolor, el placer, el miedo y el amor. Es por este motivo que merecemos consideración ética: debemos evitar dañar a cualquier ser con capacidad de sentir. Hay diferencias de género, edad y otras peculiaridades pero, dentro de ellas, las personas tienen las mismas necesidades. Por ejemplo, hombres y mujeres tienen diferentes órganos reproductivos, pero ambos tienen necesidad sexual.
Individualidad
La individualidad es lo que nos hace únicos (nuestros rasgos físicos, personalidad y preferencias). Es la forma exclusiva que tiene nuestro ADN de expresarse a través de nuestros pensamientos, sentimientos y actitudes. Los seres vivos nos definimos por el ADN que se expresa creando los tejidos, órganos y complejos sistemas. Cada miembro se expresa de forma única. A esta maravilla de la naturaleza la llamo individualidad (nada que ver con individualismo, que más adelante explicaré). Todos tenemos ADN, huella dactilar y otros identificadores exclusivos, y sin embargo, cada uno de estos es una expresión única. Tener individualidad nos hace iguales, expresarla nos hace únicos. La individualidad es nuestro denominador común; su expresión es el numerador exclusivo.

Por tanto, tenemos diferencias individuales, por supuesto, y además bastante significativas, pero precisamente las necesidades [humanas] no son una de ellas. El sistema cultural y educativo actual promueve (en exceso para mí) la diferenciación y la exclusividad, olvidando que lo que nos une siempre será mucho más que lo que nos separa, y esto además, ha sido lo que nos ha permitido crear y hacer todo lo bueno que hemos hecho, como humanidad. Centrémonos en lo verdaderamente importante, en lo común y unificador.
Entendamos qué somos, de dónde venimos, y sobre todo, hacia dónde queremos ir (y qué hacer para conseguirlo, o acercarnos al menos). Para ello podemos valernos de una emergente ciencia social conocida como Relevantología (presentada por el divulgador y activista Alfonso Estébanez; mencionada también por el diseñador e ingeniero social Jaque Fresco en su libro Lo mejor que el dinero no puede comprar).
Esta disciplina estudia qué es relevante, importante o prioritario para el ser humano y su entorno, por qué lo es y qué beneficios tendría conseguirlo.

Es fundamental conocer nuestras necesidades y las del entorno si pretendemos crear una economía que nos ayude a satisfacerlas. –Alfonso Estébanez

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