Teoría

Revisitando el Steampunk

Por: Fernando Almeyda

No ha pasado desapercibido para mí cómo en las últimas décadas ha habido una escalada de lo que ha dado a llamarse steampunk. Lo encontramos por todas partes pululando a través de casi cualquier manifestación artística. A resultas de cierta charla que tuve con un artista plástico cubano, me refirió que en principio él no sabía que hacía steampunk, pero lo hacía. Y eso llamó mi curiosidad de gato.

No era la primera vez que escuchaba algo por el estilo. Miles de personas, entre las que me encuentro adoran el estilo de narrativa visual y animación del maestro indiscutible Hayao Muyazaki. Aún así, no pocos pasamos por alto el sinnúmero de componentes steampunk que emplea. Esto resalta que no se trata de una cuestión de nombres; no es una cuestión de marca como ha devenido el manga y el comic. De hecho, si alguien se dirige hacia cualquier seguidor del steampunk se encontrará que en esencia no tiene canon.

Origen del género
Tradicionalmente el steampunk se coloca entre los subgéneros de la Ciencia Ficción, siendo sus padres por excelencia Julio Verne y H. G. Wells. Claro, para esos entonces el mundo que aquellos hombres visualizaron se cumplió en gran parte, claro que estéticamente divergente y por medio de fuentes de energía muy distintas. El carbón y el vapor cedieron a la combustión interna, y esta a la energía nuclear, y así sucesivamente.

Aquellos que quedaron prendidos no obstante de la estética inmensamente libre de tamaña época desembocaron en la construcción de ucronías y formas de retrofuturismo, retratando un mundo sin las novedades de la cibernética y la combustión interna. Mundos parecidos y diferentes a la vez. Mundos que reproducen o amplían los logros tecnológicos contemporáneos desde códigos estéticos decimonónicos, neovictorianos.

Desarrollos Posteriores
Pero el steampunk no se ha quedado en un género narrativo ni mucho menos. Desde la década de los 80 del pasado siglo ha ido aconteciendo una explosión de dicha estética. Poco a poco las tuberías, las piezas rústicas, los mecanismos de relojería y la moda neo victoriana han ido invadiendo cada rincón, cada espacio, al punto en que tenemos que decir que el steampunk más que una “visualidad” ya es una forma cultural.

Por desgracia pocos se han atrevido a indagar en la idea tras este fenómeno. Qué hace que miles de personas consuman y participen de la creación, del artcraft de diseños steampunk. ¿Qué tiene de atractivo?

Podríamos preguntarle a sus consumidores y a sus seguidores. Pero no estoy seguro de que las respuestas sean satisfactorias. Son partícipes de un movimiento de la consciencia que todavía no es para-sí. No se han apropiado de lo que realmente buscan; no podemos – salvo rarísimos casos- encontrar conceptos aceptables. Pero si podemos interrogar a la estética misma en los productos en que se refleja, especialmente en los productos narrativos.

Sea cual sea el contexto de las historias, es común que el género haga referencia a mundos profundamente enfermos. Los artistas steampunk suelen tener una gran afinidad por la paleta de grises y verdes oscuros. Ambientes de misterio y abandono donde la inmersión lleva el riesgo del encuentro con lo desagradable que no es todavía descubierto pero que está aquí.

¡La evidencia! He ahí un detalle importantísimo que no podemos dejar de lado. A diferencia de otras formas de arte, este aunque puede llegar a jugar y conjugarse con códigos surrealistas siempre habla desde verdades simples y evidentes. En ese sentido, es sincero. Sus historias no parten de un replanteo de la realidad, no requieren de un re acomodo del ver el mundo. Al contrario, acomodan el mundo para que sea visto más fácil, más sencillo más directo.

A diferencia de la estética industrial contemporánea que todo lo oculta y lo maquilla tras superficies brillantes y lisas, el steampunk lo expone todo. Absolutamente todo. Cada cosa es lo que es. Las tuberías a flor de piel, la contaminación en evidencia, la lucha de clases, la pobreza y la riqueza, la toxicidad moral, la suciedad. Nada queda disimulado.

Modernidad, Posmodernidad y Capitalismo
Esta idea de la evidencia, me hace pensar en que, a pesar de que se enfoca desde el aspecto lúdico, tiene una esencia de crítica, de rebeldía contra los eufemismos. En el mundo del steampunk siguen habiendo autos, fábricas, robots, artefactos voladores, armas, políticos, ricos, guerras, plagas, capitalismo. Pero todo está a flor de piel, y se adorna con su propia realidad.

Si levantamos el tejido social contemporáneo, si descubrimos la esencia de una fábrica veríamos sus venas de cobre, las bocanadas de humo negro contaminando el medio ambiente y la toxicidad moral y espiritual que tortura a los desposeídos.

El steampunk va del capitalismo, de la sociedad mecanizada, de la pujanza aplastante de la modernidad. Así resulta un fenómeno francamente interesante que el steampunk sea una cultura que se produce a través de canales posmodernos pero que en su esencia contiene a lo moderno.

No podría de decirse que el seguidor de steampunk es un anticapitalista o es un opositor al sistema; tampoco puede asegurarse que es un apologista. A fin de cuentas la cultura alrededor de esta “visión” es una forma de escape. Pero un escape a la verdad.

El steampunk, no habla del mundo que pudiera haber sido, no es pura ucronía, sino que habla del mundo que es y que será. Sabe que a fin de cuentas el mundo cruel, frío, metálico y tóxico que se vivía en el siglo XIX no ha sido más que ocultado. Los valores que regían ese mundo y su decadencia son las mismas, solo que había más libertad para vivir las verdades.

He ahí algo que sus artistas y artesanos promotores aprecian y rescatan del siglo XIX y del capitalismo clásico: su incapacidad para destruir la creatividad. La contemporaneidad ha dado al traste con lograr lo que llamamos la generación de la pastilla. Vivimos bajo la consciencia de que todo está solucionado apretando un botón o consumiendo una pastilla; ambos elaborados por alguien más, y cuando no nos dan lo que queremos estallamos en una pataleta cual si nos hubieran ofendido.

Una generación tan dependiente y obediente que renuncia al derecho de ver la cara dura de las cosas y por supuesto a pensar en sus propias soluciones para las cosas. Un artista steampunk contiene en su alma el rechazo al facilismo y el rechazo a la falsedad.

Este fenómeno es algo así como una reacción a la asfixiante realidad contemporánea, llena de algoritmos, de colores, de botones, de pastillas, de barreras y de discursos; es quizás una búsqueda inocente por lo sincero, por la verdad sin tapujos del capitalismo. Pero sobre todo es un culto al esfuerzo físico y mental, al rescate de la promesa ya casi olvidada de hombres y mujeres capaces de valerse por si mismos, capaces de afrontar la realidad y de vivirla, con consecuencia y estilo…con estilo steampunk.

Tomado de Dialektika

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