Política en Cuba

Una libertad sin libertador siempre muere

Por: José Repiso Moyano 

Cualquier libertad morirá en manos de quien no la sabe siempre liberar o no la sabe siempre proteger. Porque la libertad es, viviendo, algo orgánico, que solo permanece si únicamente vive de verdad por una autodecisión de la vida de cada cual, si lucha de verdad contra las cadenas.

La libertad es lo que reclama a su luchador (el que la defiende contra todo), es lo que es leal a su libertador (al que ama de verdad o de corazón), es lo que sueña incansablemente por liberar a cada persona de una injusticia, de una opresión o de una indignidad.

Por eso la libertad es importante, porque no puede de ninguna sensata manera no ser importante, y humildemente humana de fondo, y grandiosa de suponer amparos al bien, y referente único para permitir la realización de cualquier capacidad humana en esa búsqueda de una felicidad y de una mejor sociedad.

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Ni más ni menos, ¡exacto!, la libertad junto a la razón son las salvaguardas de todos los bienes esenciales de la sociedad, dan el camino y permiten en corto o largo plazo cualquier dignidad o todas las dignidades humanas. Pero no las lucha o las da el aire, sino solo quien tiene la honra de lucharlas.

Lo sé ya, hay demasiados manipuladores en la sociedad que las han utilizado para sus intereses privados e, incluso, siempre ha habido partidos mafia o partidos políticos que, sin reticencias éticas, las han ensuciado de sus corrupciones o de sus miserias. En fin, la libertad existió antes que ellos y estuvo siempre al lado del oprimido, del explotado o del engañado, sin pedir dinero, sin pedir poder y sin pedir obediencia ciega como moneda de cambio. Así es.

Sin duda es evidente, lo que más debe valorar un pueblo o una sociedad es quien es un libertador (de una óptima ejemplaridad) que da o regala ininterrumpidamente libertad a todos, ¡sin más!, solo por amor, solo porque él lo siente, porque él vive y cree en la libertad como un objetivo para un mundo mejor.

No me cansaré de decir en cualquier momento con una máxima repugnancia que, mientras la libertad se conquista y se trabaja por unos, al lado o cerca se mueven ya otros la van utilizando para vulnerarla, confundirla o falsearla; ¡para venderla!

Pero, ¡”no pasa nada”!, en amor no enturbiado con mentiras, siempre existirán personas buenas o seres humanos con equilibrados principios que a la calle salgan rompiendo cadenas, sí, hablando de la libertad a todos, gritando la brillante o la resplandeciente libertad a todos. Y, así, sin miedo, mirándoles las caras a todos les gritará libertad, humildemente, no más, con la grandeza invencible que contiene la dulce y esperanzadora palabra libertad.

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