Opinión

Disturbios y un tanque de clavados ¿Habrá relación?

Por: Arturo Mesa

Me han dicho que llevo días escribiendo poemas… y sigo… Mejor que salir con un palo o lanzarle una piedra a un cristal. ¿Verdad?
Aventurarse en buscar causantes de los recientes disturbios que afectaron varios puntos de la isla es adentrarse en un complejo entramado de niveles de deterioro, tanto constructivo como de valores, en viviendas y barrios de las distintas urbes, así como de evidentes errores en conceptos de urbanismo, visión y fomento de oportunidades. Obviar estos detalles es no querer ver una esencia muy transparente.
Con el advenimiento de un sistema social que pretendía incluir a todos, se realizaron proyectos y construcciones tipo Pastorita, Alamar, módulos habitacionales y viviendas prefabricadas y de bajo costo en todo el país. Si nos guiamos por las intenciones, lo propuesto estaba bien. Pero si nos guiamos por las intenciones, lo propuesto estaba mal también. Y de aquí parte la dicotomía que precisa de una solución inmediata.
Se me ocurre pensar que esto sería como contraponer sistemas o modos sociales ante el dilema.

Reparto Camilo Cienfuegos, Santa Clara, 1961. Fuente. Archivo del MOP

La idea de construir viviendas para una población desfavorecida es noble y justa. No hay casas, hay sobredimensionamiento de algunos barrios y familias extendidas en muchos. Entonces se construyen módulos básicos y hacia allá me dirijo con mi llave, mi familia y mi independencia. En cierto sentido, soy un hombre feliz. Luego comienzan los problemas de escaso acceso al transporte, de densidad poblacional, de colas y muchos otros factores que fueron obviados por los planificadores. Pero si no construyo esas viviendas o no realizo esos planes, entonces aparecen fenómenos peores como las favelas los solares carentes de sanidad, los llega y pon y las reglas urbanísticas comienzan a sufrir entre otros tantos males.
¿Pero en dónde está el consenso? Incluso: ¿Habrá consenso? El adinerado siempre va a clamar por espacio, amplitud, independencia, orden ambiental, tranquilidad sonora y muchos otros reclamos que solo le son dados a quienes cuentan con poder adquisitivo para esas garantías. El desfavorecido va a pedir un techo y cuatro paredes en donde ver crecer a su familia. ¿Qué marcaría la razón?
Las viviendas se construyen bajo determinadas reglas que no son caprichos de nadie; son sencillamente garantía de salud, convivencia y sanidad, incluso control poblacional. Con los barrios y repartos sucede lo mismo. Se evita la aglomeración mediante la inclusión de parques, avenidas amplias y arboladas, cercanías al mar, a los ríos, a las montañas o a las zonas verdes. Nada de esto es capricho. Pero siempre existen zonas privilegiadas en donde muchos ansían vivir. Entonces los gobiernos más analíticos, pasan a realizar propuestas de desarrollo en otras zonas del país para promover la migración interna hacia esos lugares y restarle a las cargas de los grandes distritos. Brasilia, por ejemplo.
Cuba cuenta con 110 000 km 2 de tierra y la ciudad en donde se concentra el 20 % de su población representa solamente el 0.6% de su suelo. Razones para esto son muchas y bien conocidas, pero ¿qué impide gestionar desde el gobierno el desarrollo de otras zonas que promueva la migración hacia esos proyectos?
De Varadero nadie quiere venir a la Habana. Casi que de Matanzas tampoco. En los últimos años un pequeño espacio en la Trinidad colonial no bajaba de 60 000 dólares, lo mismo en Viñales y en las nuevas comunidades de Playa Girón.

Es de entender que estas son zonas con un atractivo propio que vieron en el turismo su posible auge. Los emprendedores, con su olfato natural, le pusieron un poco de razonamiento y “paraje ideal”. Pero de igual manera se pudieran crear asentamientos en torno a una industria limpia o un balneario o una zona de desarrollo forestal o agrícola con un plan bien concebido de carga poblacional y accesos. “Topes”; ¡mi retiro soñado! Incluso otros asentamientos eco-turísticos “creados” para mover poblaciones.
Toda esta explicación parece alejarse de la idea central. Pero es que hoy a nuestros barrios le faltan parques, complejos deportivos, complejos culturales, espacios de recreación creativa, zonas de juego, zonas de desarrollo de talentos deportivos y culturales y zonas en donde las energías y los intelectos se puedan desatar. Igualmente le faltan viviendas a muchos. Trabajo tendrían los urbanistas y arquitectos si se sentasen a discutir cuál sería el punto medio entre ambas propuestas: ¿Un complejo deportivo más o un edificio más? según el lugar.
El hombre –ente social y genérico – necesita de una actividad a la cual dedicarse y de la cual sacar su sustento material o espiritual. Ejemplificar pudiera ser cualquier cosa entre tantas posibles opciones. El mérito está en promover las que verdaderamente apuesten por el crecimiento individual, social y comunitario. En mis años, caminábamos desde Luyanó hasta la Ciudad Deportiva para tirarnos en el tanque de los 10 metros (ese no fui yo) y soltar nuestras energías en competencias de polo y natación (ese sí fui yo). ¿No será que carecemos de esos espacios que canalicen nuestras energías al apostarlo todo a la construcción de viviendas en zona saturadas de población? ¿Alguien conoce hoy en la Habana lo que es un tanque de clavados? Esto es solo un ejemplo y con él pretendo hacer reflexionar sobre carencias más sutiles que se le van sumando al acumulado de lo que nos falta y por lo que hay que luchar. Y quizás estas carencias desde lo espiritual suman desencantos y represiones internas que un buen día, sumadas a otras, se desatan.
Viviendo en un zona en donde escribir este análisis significa obviar la estridente música del vecino ¿cuántas personas rechazarían de cuajo, mudarse hacia barrios en las afueras de la ciudad tipo Managua e incluso a otras provincias si en ellas hubiese un plan de incentivos sociales con el cual me beneficiaría económicamente y crecería en lo espiritual? Muchas veces hasta con la sencilla oferta de una casa pudiera funcionar. Creo que la disyuntiva da para pensar. Y bastante.

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